El pasado 23 de mayo Cancamusa llegaba a Viña del Mar esta vez en plan solista para presentarse en el Teatro Municipal de la ciudad jardín como parte de su «Dopamina Tour», una fecha que si bien pudo contar con más público fue una gran muestra del crecimiento artístico que la música ha tenido desde su tiempo en Amanitas hasta convertirse en una figura por derecho propio.
La jornada comenzó a eso de las 19:30 horas con el show de Mora Lucay en formato acústico, un breve set de canciones con las cuales Natalia Vásquez demostró su carisma y calidad vocal que la han mantenido como uno de los nombres importantes de la escena porteña actual.
Pasadas las 20:00 horas y luego de la clásica introducción que realiza el teatro previo a su presentación principal el telón se corría y en medio de luces tenues aparecía Cancamusa en el escenario llevando una caja haciendo algunos redobles mientras su banda comenzaba la introducción la cual daría paso a «Trenes» de su última producción. Una sólida partida que daba a entender lo que iríamos viviendo durante el recital.
De ahí en más el show fue una mezcla de pop ensoñador capaz de transmitir diversas sensaciones que van desde la ternura hasta la melancolía a traves de la suave voz de ella y ejecutado por una banda afiatada compuesta de grandes nombres como los de Francisco Durán (Los Bunkers) o el productor Diego Peralta entre otros.

Un setlist que se concentró en sus dos más recientes producciones («Dopamina» y «Minimal») logrando momentos de comunión absoluta con el público pero que también dio espacio a canciones como «Venus», al cover lanzado este año del clásico de Luz Casal («Entre mis recuerdos») y a «Nunca es Tarde», un estreno que saldrá en la edición deluxe de su más reciente disco y que la cantautora interpretó desde su batería.
Para el bis se guardó la última sorpresa de la noche que fue la participación de Mauricio Durán en las canciones finales «Planetas Viejos» y «Antes de que apague el sol». Una hora y media (quizás un poco más) de show que en ningún momento afloja su ritmo y que de cierta forma es la «magia» que Cancamusa le proporciona gracias a sus medidos pero válidos cambios de intrumentación como tambien a una mayor presencia como frontwoman.
Quizás el punto negativo y algo con lo que comencé esta reseña fue la asistencia ya que el recinto se encontraba ocupado entre un 50 a 60% de su totalidad, concentrándose la gran mayoría en la platea baja. Puede que haya sido el frío o la fecha (siempre los fines de mes son complejos) pero en general Viña del Mar es un lugar que si bien ha incrementado sus espacios en general la gente solo «llena» en casos muy específicos, en especial si son artistas nacionales. En fin, una pequeña reflexión que no empaña en nada lo vivido durante la jornada sabatina.
Sin duda un concierto que dejó con un buen sabor de boca a los asistentes quienes finalizado el show tuvieron tiempo de compartir con la artista mientras ésta firmaba algunos discos y se sacaba fotos demostrando la cercanía de la artista, algo que se reflejó en el recital. Una liberación de dopamina en su medida justa.
