¿Obedecerías las reglas que te da un tablero para crear música? El proyecto chileno liderado por Richi Tunacola, alias de Ricardo Luna, lo hizo. La composición y producción de su quinto disco «La Borrachera Dulce» fue fuertemente influenciada por un juego de creación propia llamado La Casa Iluminada.
Es un nuevo título en la carrera del proyecto activo desde el 2011, pero también es la primera entrega usando este método. Durante meses, Tunacola tiró dados y cartas hasta dar con 11 tracks que conforman una experiencia diversa en estilos.
«Cada canción nació siguiendo las instrucciones del tablero que restringe lo que tienes que ir haciendo mientras compones. Muy pocas cosas estaban decididas de antemano y eso explica por qué el disco suena como suena: hay piano instrumental, hay rock & roll, hip hop, una balada con cuarteto de cuerdas, bossa nova. No es un disco de un género, es un disco de un método; y eso, en vez de hacerlo caótico, lo hace honesto. Cada canción llegó desde donde el juego la mandó», explica Richi.
«La Borrachera Dulce» surge de una de las islas que presenta el tablero, compuesto por varias de ellas que van condicionando el estado anímico/sonoro en el que se compone. «El disco está sujeto al vaivén emocional de las mareas, por eso empieza arriba, con el optimismo de una mañana soleada, pero después de la euforia rabiosa, llega a lo más tímido y melancólico, y termina declarando que la vida es una fiesta igual», agrega sobre un resultado que cuenta con una visión completa de su autoría: procesos, composición, mezcla y mastering.
El mismo sistema es la principal inspiración. La Casa Iluminada funciona como una máquina de decisiones. Más que discos, acá las referencias fueron las restricciones que el tablero impuso.

«El método sí tiene algunas influencias claras, como las Estrategias Oblicuas de Brian Eno, el sistema de composición del I-Ching desarrollado por John Cage, y otros métodos del colectivo Fluxus», señala.
«Samplea de la radio» es una de las órdenes que puedes recibir. La gracia de una instrucción es que cada quien interpretará y ejecutará el pedido desde su ángulo.
Lo que plasmó Tunacola es el reflejo de sus universos musicales, guiados por La Casa Iluminada. «Lo que importa es la música que nos vamos encontrando, jugada tras jugada, hasta que no te das cuenta y ya tienes una canción armada (…) Se trata de valorar el proceso por sobre el resultado, lo que finalmente provoca un mejor resultado», reflexiona Richi.
«La Borrachera Dulce» podrá ser conceptual y experimental, pero suena a la esencia del proyecto. «Hay paisajes instrumentales, guitarras afiladas. Hay texturas puras y hay pop bailable con hooks». Porque en lugar de empezar a repetir fórmulas y atajos, Richi se reencantó con el proceso apostando a salir del confort formulaico, a hacer uso del conocimiento amplio de instrumentos y técnicas que obtienes cuando ya grabaste otros cuatro larga duración.
«Enamorarse del proceso es esencial, si no atravesar una carrera artística con todos sus desafíos y precariedades se hace imposible, se te van las ganas”.
Post punk, piano, funk, canciones-canciones, música de computadora y de partituras. «La Borrachera Dulce» es el movimiento final, la fotografía que logró plasmar Richi de esta primera isla, que más que abrir una nueva era, devela formas de entender trayectos, tal como evoluciona el día hacia la noche con el paso de las horas. Tunacola comparte los aprendizajes y canciones que obtuvo de La Casa Iluminada en una gira que saca el método del estudio.
Con pasos por Valparaíso, Concepción, Chillán, Pichilemu y Matanzas durante mayo, más un concierto en Santiago programado para el 19 de junio en Club Subterráneo, los shows prometen intenciones musicales de fiesta y desenfreno; bailar, entregarse y perderse hasta que sea hora de conocer una nueva isla.
