Gabriela Arcos regresa al indie folk con «Atte.», canciones como cartas en un esperado segundo disco

Foto por Constanza Opazo
Mensajes que no llegan a destino, hasta hoy. Más honesta y enredada que nunca, la chilena retorna a su sonido madre en una placa que bebe de Bob Dylan y Taylor Swift, haciendo gala de las intenciones poéticas que acompañan su aplaudida carrera.

Dicen que escribir alivia el corazón y el espíritu. Las letras se quedan con el peso del alma, liberándonos de él como si fuese magia; ¿será por eso que escribir cartas ha sido tan importante para la humanidad? 

Gabriela Arcos, destacada artista chilena que irrumpió en la música en 2021 con el EP «a solas», seguido de una consolidación con el debut en larga duración «quién llama a esta hora» (2023), retorna a la melancolía folk de sus primeros estrenos tras varios años de exploración en el rock alternativo. 

El dolor y abandono, pero también la esperanza, construyen «Atte.», un segundo álbum percibido como un compilado de cartas para fugar y contar lo que se tiene dentro.  

«Este fue un disco sin nombre por mucho tiempo, al contrario de como ha pasado otras veces. Esta vez tenía tanto que decir que sólo escribí las canciones, y una vez enfrentada a ellas, me di cuenta que eran cartas o mensajes que no me atrevo a mandar. Si no me atrevo o no quiero sigue siendo la pregunta principal. Más que historias desde un punto de vista narrativo, me parece que son una colección de imágenes de breves momentos que ocurren dentro de una sola gran historia», adelanta la artista sobre los 10 tracks.

Entre la poesía de Wislawa Szymborska, letras de Bob Dylan y Taylor Swift, el country de las pop stars anglo y títulos como «Kansas Anymore», «The Secret of Us» y «The Freewheelin’ Bob Dylan», se fue gestando un trabajo de indie folk producido por Lia Lara, con colaboración de Nando García, Fresco Fresco y Javier Barría

Dicen, también, que la escritura no es solo para una. Arcos ofrece historias personales para que podemos abrazar hasta hacer propias, encontrando en ellas compañía, comprensión, incluso esperanza. 

«El primer disco lo hice con más humor, como si estuviese jugando a ser música. Ahora sentí un peso diferente. Un peso que me pongo yo misma. En el primero conté historias de todos los amores que había tenido hasta la fecha –algunos vergonzosos, dolorosos, tragicómicos–. En «Atte.» no había ya nada más que contar que lo que estaba viviendo, y todas esas pintas de humor que pudo tener el anterior, gracias al tiempo de procesamiento y evolución personal, ahora no fueron posibles», confiesa. 

Así, terminó con una entrega triste, enredada, enojada, pero llena de fe en varios pasajes. El desamparo y la vulnerabilidad suenan poderosas mientras Gabriela va sanando hasta compartir el resultado. 

«Creo que hay algo muy lindo en recibir las historias y anécdotas de desconocidos que se vean reflejados en esta música que no tiene nada que ver con lo que ellos viven. El sentido de comunidad que eso genera me entusiasma», profundiza sobre el imaginario que tiene una premisa clara: no hay dolor que dure para siempre, y cuando deja de doler, ya no hay más amor para dar. 

Guitarras, baterías, pianos, banjo, mandolina, trombón y una voz que supera pudores para ofrendar compañía. «Atte.»es un segundo LP, pero también es la carta abierta que Gabriela Arcos tiene para regalar a quien quiera oficiar de remitente.